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| Carta de Pereda a Galdós (20.02.1885) |
9 de febrero de 1885. Carta de Pereda a Clarín.
"En rigor, yo no debiera hablar a V. de su libro, que no es más que
una exposición, hasta conocer toda la novela; pero como por lo
conocido se trasluce la calidad de lo que falta, y hay en ello mucha
tela que cortar, bien se puede echar un párrafo, y hasta hacer
afirmaciones concluyentes en vista del primer tomo, sin riesgo de
enmendarlas con la lectura del 2º [...].
Considerando
así lo que conozco de
La Regenta, y en conjunto, encuentro en
ello un completo derroche de ingenio y de gracia [...], trazos y
color de maestro en la figura del antipático magistral, y
particularmente en la de su madre, en mi opinión el personaje de
mayor relieve artístico que hay en la obra [...].
No sé
si [...] a todos causará tan desagradable impresión como a mí
[...], que entre tantas mujeres que aparecen en el libro, no haya una
sola que tenga vergüenza, contando con que la heroína queda al fin
del tomo a pique de perder la suya. [...], todas están roídas por
el mismo gusano, y todas están dispuestas a echarse, en cuanto un
hombre les ponga la mano encima, si es que no se han echado ya [...].
Lo que tiene de epidémico este mal, sin contar con una fea
naturaleza, produce cierta monotonía de caracteres que perjudica
mucho al cuadro. [...]
Díceme
V. que cree haber sido imparcial en su obra [...], estamos en
completo desacuerdo. ¿Y cómo no estarlo? Si Vetusta fuera eso; si
así fueran sus mujeres, y su Clero y sus muchachos y sus hombres
[...], una persona [...] que tuviera sentido común, renegaría de su
casta, emplumaría a su propia mujer, aborreciera a su madre; y
después de poner fugo a la casa, y a la calle y el pueblo entero,
acabaría por irse a vestir el tapa-rabo entre los salvajes de
Mozambique.
[...]
sintiendo en el alma tener que darle la enhorabuena con reservas,
porque al cabo se trata de un libro que, en conciencia, tengo que
ocultar a la curiosidad inexperta de mi hijo mayor, que comienza
ahora a reparar en las mujeres guapas y en las obras bien escritas”.
20 de
febrero de 1885. Carta de Pereda a Galdós.
"Supongo
que habrá V. leído
La Regenta, y me consta que su autor
espera con ansia el dictamen de V. Allá tiene ya el mío [...], sé
que no le ha incomodado ni mucho menos; y eso que no me mordí la
lengua para decirle lo que me parecían ciertas y determinadas cosas
que ahí acontecen. Ya supondrá V. a cuáles aludo. Pero ¡cuánta
gracia y cuánto ingenio hay derrochados en aquellas páginas! Podrá
aquello no ser un modelo de novelas, y para mí desde luego no lo es;
pero ninguno que lo considere con ánimo sereno dejará de comprender
que en Clarín hay un novelista de empuje, que con un poco de juicio
y de imparcialidad puede hacer grandes cosas".
24 de
febrero de 1885. Respuesta de Galdós a Pereda.
"El
tomo de
Sotileza, que me dejó Marañón aquel día. Había
pensado no leerlo hasta acabar el de Clarín, pero no tuve paciencia,
y del primer envite me leí el primer capítulo, el cual le digo a V.
con verdad me anonadó. Cuando lo acabé habría echado de buena gana
al fuego todo los primeros que se puedan escribir, nada más le digo
de su obra, que no conozco aún [...].
Creo
que pensamos del mismo modo en cuanto a
La Regenta, aun cuando
en la cuestión de que quizá sea yo más indulgente que V. Qué
vomitará su ingenio , ¡qué talento tan preclaro, y vario, qué
agudeza y qué donaire! En cuanto a la cobranza, escribiré a
Leopoldo dándole mis plácemes, y después se los daré a V. por
Sotileza".
24 de
febrero de 1885. Carta de Galdós a Clarín.
"Pues desde que empecé a leer su novela, hasta ahora, los personajes y sucesos de ella me persiguen de tal manera que van conmigo a donde quiera que voy, me acometen desde que abro los ojos, y no me dejan hasta que los cierro. Si yo soñara (y no sueño nunca) soñaría con ellos. Crea V. que su obra la tengo metida entre ceja y ceja, en términos que no me deja vivir, ni trabajar ni pensar en nada que no sea de ella".
26 de
febrero de 1885. Carta de Pereda a Clarín.
"¡Si
supiera V. que peso tan grande me ha quitado de encima con hacerme
saber que V. había tomado mis sinceridades en el único
sentido que llevaban! Porque aunque yo tenía la tranquilizadora
garantía del gran entendimiento de V., lícito me era sospechar que
por una mala explicación, o por la rudeza misma de la firma, mis
intenciones no resultaron con claridad debida. Conste, pues, amigo
mío, una vez más, y tan recio como apetezcan los más sordos que
nada tienen que ver los peros, que me permití señalar en la
novela, con las extraordinarias aptitudes del novelista. Este es el
caso.
Comprendo
la ansiedad con que aguarda V. el parecer de nuestro amigo Galdós; y
para írsela dulcificando un poco, me cabe hoy la satisfacción de
anticiparle una ligera muestra de la calidad de aquél. Anoche recibí
carta suya avisándome, entre otras cosas de que me habla, el recibo
de Sotileza, de la cual solo ha leído un capítulo, por estar
acabando de leer La Regenta y muy atareado con su novela de
frac, que tendrá dos tomos.
Al
final de su carta me dice:
"Creo
que pensamos del mismo modo de La
Regenta, ¡Qué vomitera de
ingenio!, ¡qué talento tan flexible y vario! ¡qué agudeza y qué
donaire! En cuanto la concluya escribiré a Leopoldo dándole mis
plácemes. Después se los daré a V.".