<<[...] Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos>>.

Gabriel Celaya

sábado, 16 de junio de 2018

Él


                                                          Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.
                                                                                                                 Charles Baudelaire


    Él, cuyo cráneo golpean hoy las olas, consagró su existencia a la belleza, porque intuyó que ninguna verdad habitaba más allá de sus márgenes, en esta sed de luz, se quedó ciego.
    Pensaba que la vida, como el canto —lo dijo Dylan Thomas—, es un acto de fuego y de cima, y al sentir que le estaban vedadas todas las montañas, lanzó sus palabras como teas encendidas sobre los bosques y los mares. Sus palabras precipitándose como las saetas de un último arquero en pie sobre la guerra, pero herido de muerte; sus palabras abalanzándose como la perdida bandada de las aves que comprenden que nunca llegarán a ningún puerto y que no hay mayor gloria que la de morir cantando. Sus palabras incendiando los bosques y las olas. Su obra: pira inmensa, donde el hombre es silencio, es ceniza y es humo, pero a veces también, llama, único faro encendido en la noche del mundo, porque toda la luz que queda está en el fuego.


                                                                                    (David Rey Fernández)


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