<<[...] Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos>>.

Gabriel Celaya

sábado, 17 de octubre de 2015

Porque el amor tiene también su olvido



Poema VI, incluido en el apartado "La tumba de los besos tuvo nombre" del libro "Las alas de una alondra madrugando" (Editorial Hiperión), recitado por el autor.

Porque el amor tiene también su olvido
y el recuerdo de haber perdido algo.
Quedan cenizas, sobre el mar, temblando.

                            (David Rey Fernández)

sábado, 12 de septiembre de 2015

No sé cuál es tu nombre...




Poema XII, incluido en el apartado "La tumba de los besos tuvo nombre" del libro "Las alas de una alondra madrugando" (Editorial Hiperión), recitado por el autor.

No sé cuál es tu nombre
sólo sé que me aguardas
y que donde tú estás
hay estrellas celestes
y una casa con leña
y una mesa dispuesta
con vino y pan caliente.

Yo no sé
de qué color son tus ojos
cuando miras el alba.
Sólo sé que en tu pelo se detiene la noche,
que donde tú te tiendes
crecen flores salvajes
y hay bosques escondidos
y rocío aguardando.
Yo no sé en qué ciudad
apoyarás los pasos
para afirmar la tierra.
Sólo sé
que cuando yo te llame,
en mis labios
la palabra hogar pondrá sus puertas.
Y dispondré la espera
en donde las espigas se acuestan con el viento,
y hay espuma de olas
y un beso derramado.

                       (David Rey Fernández)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Una mujer desnuda en el jardín espera



Poema VIII, incluido en el apartado "La tumba de los besos tuvo nombre" del libro "Las alas de una alondra madrugando" (Editorial Hiperión), recitado por el autor.


Una mujer desnuda en el jardín espera,
no eres tú y sin embargo tuvo tu nombre un día.

Las olas son caballos con crines de azucena
que el viento agita como un almendro viejo,
la luna es un jinete de plata galopando,
si tú pudieras verlo.

Recuerdas que te dije:
Tus labios son el rojo que viste a la amapola.
Contigo junto al mar todo canta más alto.
En tus ojos azules aún se escuchan las olas.


Ahora me pregunto
de qué servía aquello,
ahora que estoy tan solo
como lo estaba entonces.

Tú nunca comprendiste
que los besos
no mueren en los labios
y que en cada palabra
yo te dejaba
la llave de una puerta.

                     (David Rey Fernández)

sábado, 20 de junio de 2015

Poema para mi madre


Poema I, incluido en el apartado "Dedicatoria" del libro "Las alas de una alondra madrugando" (Ed. Hiperión).

Para mi madre,
que me mostró la puerta y me tendió una llave;
que me enseñó que los únicos caminos
son los que nos acercan a nosotros mismos,
lo demás es arena.



Me dijo:
escribe con distancia
pero
sin olvidar el cuarzo negro de la mina diaria,
lo marchito y oscuro que ya está en las semillas.

Añadió:
vivir es defenderse de la vida,
y volvió a asegurarlo:
el que mira las olas ya ha vencido el naufragio;
sólo quien se conoce
puede oír el silencio que precede a los golpes,
puede sentir el mar que hay en las caracolas.

Me enseñó
que en cada nombre se esconde lo nombrado;
que en la palabra noche
fluyen ríos oscuros de carbón y cenizas,
que cuando digo madera
la voz se me puebla de raíces y carne,
que cuando digo te quiero
en mi boca despierta la cereza y la lluvia.

Y estas palabras suyas las llevaré grabadas para siempre:
Nada tiene sentido
por eso
todo vale la pena
porque todo
puede ser de la altura que le des a tus pasos.